Dovilo

22 de diciembre de 1998

 

Los huesos tienden a crujir al inundarse del frío otoñal que como cada año, cíclicamente, anuncia con sus últimos estertores la impasible proximidad de una nueva temporada de nieves. El hielo y el silencio han pasado toda la noche combatiendo por ocupar el espacio del poblado. Ahora, en el despertar de un nuevo día, el silencio comienza a difuminarse entre los rumores de la vida.

El anciano artesano deja escurrir la suciedad que le embadurna las manos. Las chispas de agua teñidas de barro murmuran la tranquilidad de los años al caer sobre la cuba. En ella se mezclan el agua templada por el cuerpo del alfarero con el líquido gélido que contiene. Sólo le falta rematar el cuenco de barro para terminar el encargo recibido del intermediario de los dioses. Olónico realizó este requerimiento después del último cambio de luna, una vez acaecido el fatal desenlace de la escaramuza que los enfrentó contra los despiadados bárbaros llegados del oriente. La obra, una vez concluida, formará parte del ajuar funerario del más enérgico guerrero del poblado, Dovilo, honrosamente fallecido en la batalla. La carne del hombre ha sido elevada a las alturas en las últimas lunas por los buitres que ha enviado el viejo Lugus. Los huesos de Dovilo yacerán por toda la eternidad junto al barro modelado por las vetustas, rugosas y curtidas manos del anciano bajo un comedido túmulo de arena.

Las bestiales corazas llegaron del Mar del Este cuando los antepasados del anciano alfarero no eran más que unos chiquillos. Hoy, con la mirada agrisada por el inexorable paso de las estaciones, el viejo observa como los pigmentos negruzcos van adquiriendo la consistencia suficiente para ser usados como pintura. Él se propone relatar la gloria de Dovilo con imágenes, con iconos que encierren los signos apropiados para reflejar la inmortalidad del guerrero, como le enseñó su padre, cuando era un niño, que debe hacerse para el eterno descanso de un héroe.

Alfonso Fraguas-Bravo

Sobre Alfonso Fraguas-Bravo

Doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Aplica las tecnologías de la información y la comunicación en arqueología,
con especial énfasis en el arte rupestre del
continente africano y el desarrollo de Infraestructuras
de Datos Espaciales (IDE). Dedicado a las tecnologías
de la información y comunicación hasta de 1999, obtuvo
diferentes becas de introducción a la investigación
del Consejo Suprior de Investigaciones Científicas
(CSIC) y de Formación de Profesorado Universitario del
Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD).
Ha participado en trabajo de campo en excavaciones y
prospecciones en España, Francia, Sudán y Etiopía. Ha
escrito multitud de artículos y varios libros sobre informática
y arte rupestre prehistórico. Obtuvo el primer
premio de relato breve de I.E.S. Hortaleza II con
el cuento Canción de muerte en 1987. Fue finalista del
primer Certamen Universitario de Generación de Conocimiento
Arquímedes del MECD con el trabajo Las
formas del paraíso: Psicotropismo y producción social
del arte premoderno en 2002.

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