El 90 cumpleaños de Encarnación Tagüeña

Encarnita TagüeñaConocí a Encarnita Tagüeña Lacorte a finales del mes de febrero de 2008. Estuve en México DF atendiendo a la facilidad que la familia Tagüeña me había dado para mantener reuniones con ellos y acceder a los archivos personales de Manuel Tagüeña y Carmen Parga que guardan en su casa mexicana.

Encarnita tenía en­tonces la friolera de 88 años y fue sorprendente ver como se abalanzaba sobre nuestras ma­letas pa­ra ayudar­nos a subirlas a casa desde el garaje. Todo ello mientras una sonrisa más que alegre nos daba la bienvenida a su casa. Un vigor y un júbilo que uno no encuentra habitualmente en personas de esa edad. Máxime cuando se ha tenido una larga vida poblada de sufrimiento. Aunque también lo haya estado de amor, amistad y trabajo gratificante.

Encarnita Tagüeña tuvo en la vida la suerte y la desgracia de ser la hermana pequeña de Manuel Tagüeña Lacorte, el que fuera teniente coronel jefe del XV Cuerpo de Ejército de la República y militante comunista relevante durante nuestra guerra civil. Digo que tuvo la suerte porque la convivencia y el afecto de ambos hermanos siempre estuvo por encima de las coyunturalidades de la vida, además de porque Manuel en cuanto pudo, dentro de su ajetreada vida, se ocupó del bienestar de su hermana. Pero digo también la desgracia porque llevar el apellido Tagüeña en la España de Franco no era precisamente una fortuna.

La vida de Encarnita y de su madre, Doña Encarnación Lacorte, estaba fuertemente vinculada a la enseñanza. En sus antecedentes familiares los docentes abundaban, tanto por la rama de los Tagüeña como por la de los Lacorte. Durante la guerra civil, la madre de los Tagüeña trabajaba en una guardería infantil de la FUE en San Juan (Alicante) y Encarnación, casada ya con un militar republicano, siempre estuvo cerca de ella. Allí permanecieron cuando las tropas de Franco llegaron a la ciudad, ya que lo último que querían hacer era abandonar a su suerte a aquellos niños. El apellido Tagüeña ya le valió ahí a Encarnita una corta estancia en la cárcel de Ventas, donde compartió la pérdida de libertad con las trece rosas y otras muchas presas del régimen de Franco.

Y esa no fue la única ocasión. El periodo más importante vendría en 1947 cuando la policía sorprendió  al maqui Julio Nava refugiado en el domicilio de Madrid de madre e hija. Doña Encarnación se había ofrecido a guarecerlo pensando en que quizá alguien en otra parte del mundo estuviera también ayudando a su hijo. Julio Nava resulto muerto por la policía mientras que ambas Encarnaciones daban con sus huesos de nuevo en la cárcel.

La salida supuso para Encarnita una grave enfermedad de la que tardó tiempo en recuperarse, agravada por la escasez de medios en que se movían. Doña Encarnación terminó por ser repuesta en sus funciones docentes y desde entonces madre e hija (y nieta, ya que en ese momento Encarnita era ya madre de una niña) se establecieron de nuevo en Alicante.

Finalmente Manuel Tagüeña, tras un largo periplo por varios países tras el telón de acero, consiguió establecerse en el exilio mexicano. En 1960 pudo volver por unos días a España para ver a su madre moribunda. Poco después conseguía que su hermana se trasladara con él y su familia a México. Y allí llegó Encarnita, que a pesar del sufrimiento, la cárcel, la enfermedad y los desafueros de la vida, conservaba la fuerza y el vigor necesarios para comenzar nuevamente. Y allí lo hizo, volcándose en la enseñanza para ser así una más que digna sucesora de su madre. Formó a generaciones enteras de niños en México durante sus muchos años de ejercicio profesional allí y, aún con más de ochenta años, participaba activamente en la enseñanza y ayuda a los niños de la calle de México DF.

Encarnita es para todos los que la conocemos una persona entrañable. Me acerqué a los Tagüeña por motivos profesionales, ya que estoy trabajando en mi proyecto de tesis doctoral sobre Manuel. También había motivos emocionales, ya que mi padre fue soldado a las órdenes del que fuera uno de los protagonistas fundamentales de la gesta del Ebro. Pero ese acercamiento ha trascendido ya lo profesional y hoy, para mí, Encarnación Tagüeña es ya algo más que eso, para mí, igual que para tantos otros es tía Encarnita, un modelo de vida a respetar y a enaltecer, sobre todo hoy que es su 90 cumpleaños que estará en unas horas celebrando en México rodeada de sus muchos familiares y amigos.

¡Felicidades tía Encarnita!

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