Emprendiendo (VI. Asuntos financieros)

En lo que a los asuntos financieros del emprendimiento se refiere, conviene que distingamos los diferentes tipos de proyectos que podamos comenzar. No todos son iguales y las reglas para cada uno de ellos también son distintas.

Asuntos financieros

 

Existen proyectos que pueden comenzarse prácticamente sin ninguna aportación económica. A este respecto puede verse lo que escribí en el primero de los casos prácticos que mencioné. En él no había requerimiento financiero alguno. Se comenzó sin tener que aportar ninguna dosis de capital y los emprendedores no necesitaban rentabilizar a corto, ya que todos ellos tenían la subsistencia garantizada por otro trabajo. Es el típico proyecto donde lo que prima es la idea que se desea desarrollar y el bagaje técnico necesario para desarrollarla. Se pone en marcha, se chequea el mercado y, si funciona, entonces se realizan los planteamientos económicos necesarios.

Otros, en cambio, solo pueden ponerse en marcha si existe la dosis de capital suficiente. Si lo que deseas, por ejemplo, es abrir un restaurante, vas a necesitar un importante aportación de capital para preparar el local donde vas a llevar a cabo la actividad. Si tienes una idea relevante en el mundo de lo tecnológico, pero careces de los conocimientos para desarrollarla por ti mismo, necesitarás el capital suficiente para contratar a las personas que la ejecuten.


“Si planteamos supuestos absolutamente optimistas, lo más probable es que la sensación de fracaso nos hunda en cuanto estos no se cumplan, cosa que sucederá con bastante probabilidad.”


 

Nuestra época ha mitificado al emprendedor de garaje que, sin apenas recursos, pero con ideas y habilidades para desarrollarlas, ha fraguado un proyecto de éxito que, además, le ha reportado enormes cantidades de dinero una vez puesto en marcha, sea por la bondad de su operativa o sea porque ha conseguido venderlo a una multinacional relevante. Tened en cuenta que esto prácticamente no existe. Es una ilusión de la que conviene no alimentarse, ya que lo más probable es que nos conduzca directamente al fracaso. El mejor consejo que puede darse a este respecto es que se considere bien de qué tipo es el proyecto que se desea emprender, cuales serán las necesidades económicas en su inicio y cuanto podremos mantener la época en la que con casi toda probabilidad no nos reportará ingreso alguno. Si realmente te encuentras con algo similar a lo que mencioné como primero de los dos tipos (idea para la que no se requiere capital de inicio y periodo de subsistencia de los emprendedores garantizado sin necesidad de que el proyecto reporte beneficios) puedes considerarte afortunado. Este, sin duda, es el mejor escenario.

Pero como no suele ser un escenario frecuente, lo mejor es que nos preparemos bien para el segundo (idea que necesita capital inicial y de la que se requieren rendimientos a corto o medio plazo). En este caso entramos en el casi siempre odioso ejercicio para el emprendedor de realizar un business plan. Esta tediosa tarea puede aburrirnos sobremanera y, además, en muchas ocasiones no seremos capaces de plasmar anticipadamente en ella lo que con posterioridad será la evolución del negocio. Pero, a pesar de ello, nos ayudará a planificar, dar rigor y organizar las cosas. Contribuirá a poner escenarios en nuestra cabeza que darán algo de sensatez a lo que pensamos hacer. Hay que ser honestos con nosotros mismos. Si planteamos supuestos absolutamente optimistas, lo más probable es que la sensación de fracaso nos hunda en cuanto estos no se cumplan, cosa que sucederá con bastante probabilidad. Lo mejor es ser sensatamente pesimista, o lo que es lo mismo, plantearnos situaciones prudentes que sirvan para responder a las preguntas esenciales, ¿disponemos del capital necesario? Si no disponemos de dicho capital, ¿tenemos posibilidad de lograrlo a través del crédito o la financiación? Nuestra previsión de facturación y beneficios ¿nos permite suponer que el negocio será sostenible en un plazo razonable de tiempo? Si las cosas van mal, ¿tenemos un plan de salida que ayude a no hundirnos en la miseria para toda la vida?


“…si has de confiar en una fuente de ingresos hazlo en la que proviene de tus clientes, del éxito de tu idea, no lo hagas de la financiación externa…”


 

Analizar todas estas cuestiones es imprescindible para la buena marcha de las cosas. Normalmente, el emprendedor se deja llevar por el optimismo. Solemos pensar que nuestra brillante idea va a calar enormemente en la sociedad, que los bancos nos prestarán dinero de inmediato para la puesta en marcha, que tendremos ayudas financieras públicas dado lo relevante del asunto, que haremos rondas de inversores que en seguida responderán a nuestras demandas. Luego viene la triste realidad. Y esta suele ser que los fondos propios no dan de sí lo suficiente,  que los bancos no están dispuestos a prestarnos casi nada y lo poco que nos dan es siempre bajo la garantía de todo nuestro patrimonio. Qué decir ya de las ayudas públicas; gastamos una enormidad de tiempo en preparar proyectos para conseguir subvenciones y crédito blando, pero estas no llegan y el tiempo gastado en ello se detrae del que necesitamos para hacer que nuestro negocio funcione bien. Y, por supuesto, en un entorno donde las previsiones de ventas no se cumplen, el dinero no entra y los gastos nos consumen.

Entonces, ¿es que el emprendimiento es imposible? Nada más lejos de la realidad. Lo que quiero remarcar aquí es que la racionalidad económica debe acompañarlo siempre. Solo supuestos financieros realistas traerán consigo evoluciones de proyecto adecuadas. Las alegrías solo contribuirán a llevarnos directamente al fracaso.

Y, por último, si has de confiar en una fuente de ingresos hazlo en la que proviene de tus clientes, del éxito de tu idea, no lo hagas de la financiación externa, de lo que te preste el sector bancario, de las rondas de inversión o de las ayudas públicas. Cuando tu proyecto tenga la masa crítica adecuada entonces será el momento de la inyección financiera razonable para ayudar al crecimiento, pero no antes. Los que te van a apoyar en cuanto a tus necesidades económicas no lo harán hasta que no hayan visto en funcionamiento lo excelente de tu sistema y un par de años de cuenta de resultados exitosa. Rara vez antes.

 

 

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