La 16 División y el cerco a Gandesa

Tres días antes de su muerte, el 29 de mayo de 1971, Manuel Tagüeña escribe una carta al historiador inglés Michael Alpert, con el que lleva manteniendo una nutrida correspondencia en los últimos meses. Dicha correspondencia no ha sido lo suficientemente fluida debido a que el teniente coronel republicano se halla gravemente enfermo. Hace unos meses que se le ha diagnosticado un cáncer de páncreas y en esos momentos se encuentra ingresado en el hospital y, sin duda, él ya sabe (recordemos que en Checoslovaquia realizó estudios de medicina) que está viviendo los últimos días de su vida. A Alpert le indica que tarda en contestarle porque “no solo no me he ido reponiendo sino todo lo contrario”.

Alpert es en esos momentos un doctorando de Hugh Thomas y está trabajando en su tesis doctoral sobre el Ejército Popular de la República. Desde el 16 de octubre de 1970 está intercambiando correspondencia con Tagüeña. En ella han hablado de lo divino y de lo humano, del cambio de las milicias al Ejército Popular, del rol de los militares profesionales, del paso del Ebro, de las deserciones… En esta última carta que cruzan, Alpert le pregunta a Tagüeña sobre el libro de Henríquez Caubín en referencia a la actuación de la 35ª División en la Batalla del Ebro. Tagüeña, acopia sus últimas fuerzas para contestarle. Su hija Carmen confiesa que le servía de mecanógrafa en aquellos difíciles días.

Uno de los temas abordados son las discrepancias mantenidas con Líster y con Rojo respecto al modo de conducción de la ofensiva del Ebro en julio de 1938. Desde el punto de vista de Tagüeña, Gandesa no llegó a tomarse por las fuerzas republicanas debido a tres cuestiones, de las cuales dos fueron importantes fallos tácticos del mando republicano, uno de ellos tenía que ver con que los hombres de Líster, en lugar de apoyar la ofensiva de los de Tagüeña para tomar aquel importante nudo de comunicaciones, se perdieron por la sierra de Pandols, el otro deriva de la anulación que hace Rojo de la orden de Tagüeña para que su 16ª División cruce el río esa misma noche a fin de entrar en combate entre la 3ª y la 35ª envolviendo Gandesa por el noroeste. Como en tantas otras ocasiones Rojo no quiere emplear todas sus reservas y eso le lleva a que el ataque por sorpresa no logre la totalidad de los objetivos deseados. El día siguiente Rojo permitirá ya el paso, pero es demasiado tarde, las tropas de Franco han abierto las presas de Tremp   y Camarasa y el paso por el río desbordado resulta inviable, ya que se han destrozado los medios de paso. Habrá que esperar a que baje la crecida para volver a intentarlo. Eso será ya el 28 de julio. Cuando la 16ª División llega al teatro de operaciones es demasiado tarde. Franco ha llevado sus reservas a Gandesa y la defensa es ardua. Ya nunca se logrará tomar la población y, por tanto, el camino a Zaragoza queda vedado para las tropas republicanas. Serán los franquistas quienes les obliguen tras tres meses de durísimos combates a repasar el Ebro iniciándose así el principio del fin de la contienda.

En la carta, a punto de morir, Tagüeña expone su punto de vista sin acritud, casi con ironía. Pero no es la primera vez que habla del tema. Justo, treinta años antes, en mayo de 1941, mientras se encontraba en la Academia Frunze de Moscú, realizó un trabajo denominado El XV Cuerpo de Ejército Republicano en la batalla del Ebro. Cuando en dicho trabajo trata de analizar los fallos tácticos del mando del EPR dirá  “Un gran error que luego hubo de pagar bien caro el mando republicano, fue que al anochecer del día 25 no iniciase el paso la 16 D-on, personalmente el general Rojo, jefe del E.M.C suspendió, por encima del Jefe del Ejército del Ebro, la orden que el jefe del XV Cuerpo había dado en este sentido.”

No será tampoco ese el único punto en que Tagüeña aborde el asunto. Entre la fecha de la Frunze y la de la carta a Alpert, lo mencionará también en su monumental Testimonio de dos guerras, escrito en los años sesenta en México aunque aún inédito en esos días previos a su muerte. Allí dirá: “En ese momento llegaron a visitarme el general Rojo y el teniente coronel Modesto; el primero, sin vacilación alguna, anuló mis órdenes, que consideraba prematuras, y tuve que limitarme a que la 16ª División se concentrara por la noche en la zona de Torre del Español, donde había estado la 35ª. No cabe duda que Rojo tenía razones poderosas para revocar mi decisión, que estaban fundamentadas más en los deseos de avanzar, que en informes completos de la situación, pero los hechos demostraron que a pesar de los riesgos indudables que entrañaba, hubiera sido absolutamente necesario que el resto del cuerpo pasara a la otra orilla dicha noche” (Testimonio de dos guerras, pp. 218-219, edición de Planeta, 2005).

Tagüeña morirá el 1 de junio de 1971 a las 18:30 de la tarde. Rojo había muerto cinco años atrás. Ambos eran dos de los militares más competentes del Ejército Republicano, sin embargo en este punto mantuvieron una importante discrepancia táctica. Con el paso de los años, y sin que la historia ficción se encuentre entre las debilidades de este bloguero, no nos queda más remedio que preguntarnos, ¿qué hubiera pasado si la 16ª División hubiera cruzado el río y apoyado a la 35ª, según los planes de Tagüeña. ¿Se habría tomado la población? ¿Habría cambiado aquello los designios de la batalla del Ebro? Quién sabe, las cosas pasan como pasan y de poco sirve preguntarnos sobre lo que habría sucedido si los hechos hubieran sido otros.

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