La indignidad del vencedor

Hay muchas fotografías de la guerra civil que representan hechos, sentimientos o sensaciones de aquella gran tragedia nacional. Pero para mí hay pocas como esta que podemos ver a continuación.

 

Capapé y Chicote

 

En la fotografía vemos al inefable barman Perico Chicote sirviendo un cocktail al coronel Ríos Capapé, uno de los jefes de unidad del ejército nacional. La foto está realizada durante el sitio de Madrid y las ruinas que vemos por detrás son las de la Escuela de Arquitectura de la Ciudad Universitaria.

Para mí la fotografía representa como pocas la dialéctica entre vencedores y vencidos, entre triunfadores y aplastados. Mientras una ciudad (Madrid) sufre uno de los sitios más terribles de la historia bélica del siglo XX, uno de los militares sitiadores toma relajadamente un cocktail. Seguramente mientras lo hacía, las baterías nacionales estarían distribuyendo obuses contra Moncloa o, quizá, los modernos aviones italianos que servían a las órdenes de Franco estuvieran bombardeando la Gran Vía. Sin embargo, un pulcro Perico Chicote, con su flamante chaquetilla de barman y con la raya de su pantalón perfectamente planchada, le sirve la bebida a un relajado coronel y a su fotógrafo de cámara.

Y no es que con esto quiera yo remarcar la maldad del ejército nacional frente al republicano. Podemos hallar fotos similares en el otro lado. Recuerdo, por ejemplo (aunque ahora no la he encontrado para ponerla aquí) una de Líster sirviendo bebidas en pulcras copas de cristal a un conjunto periodistas que visitaban uno de sus puestos de mando durante la batalla del Ebro.

Lo que me gustaría resaltar aquí es precisamente la indignidad de las guerras y la radical diferencia entre quienes no las sufren, y quizás las provocan, y quienes soportan las más tensas situaciones con las que el ser humano pueda enfrentarse. Y me pregunto, no puedo dejar de hacerlo, si barman y coronel dormirían esa noche tranquilos, sosegados por el alcohol de la bebida mientras cientos de personas lloraban a sus muertos, a su casas perdidas, destrozadas por las bombas; mientras la mayor parte de los ciudadanos de Madrid pasaban hambre y necesidades, durmiendo en los improvisados refugios del metro.

La condición humana es lo peor que existe sobre la faz del universo.

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