Nunca dejes de emprender

Escribo este artículo a colación del título de un libro, y de una próxima película, que me parece sumamente significativo: No culpes al karma de lo que te pasa por ser gilipollasY es que cada vez veo más acentuada una vieja tendencia hispana a culpar a los otros, al calor, al frío, a la autoridad, a la suerte, a la edad… de cualquier mala situación en que nos veamos metidos. Y contrariamente a esto, yo soy de la vieja creencia estoica de que hay dos clases de problemas en la vida, aquellos que no tienen solución, y de los que, por tanto, no hay que preocuparse; y los que la tienen, de forma que ante estos no hay otra que arremangarse y ponerse a trabajar para superarlos. O traducido a palabras algo más vulgares. no pienses nunca que la mala fortuna te va a arrollar o que otros tienen la culpa de lo que te pasa, contrariamente a esto, nunca dejes de emprender nuevas acciones, nuevos caminos, nuevos proyectos para superar los baches hacia los que la vida te va empujando.

Personalmente he tenido que reinventarme varias veces. A nivel profesional y a otros niveles. Pero nunca me he quedado quieto, he podido pasar cortas épocas de inquietud, de no saber con exactitud cómo hincar el diente a un asunto, pero más tarde o más temprano siempre he tirado adelante, iniciado un nuevo proyecto… Nunca he dejado de emprender. Nunca me he dejado llevar por esa tendencia a culpar a algo o a alguien de la situación por la que pasaba. Contrariamente a ello, he aprovechado estos momentos como oportunidades para cambiar, para conseguir nuevos logros.

Los seres humanos necesitamos continuamente el reto. Cuando nos instalamos en nuestro espacio de comodidad dejamos de dar lo mejor de nosotros mismos. La ruptura de este espacio pone delante de nosotros nuevos horizontes, nos obliga a esforzarnos, nos pone ante nuevos logros a conseguir, frente a nuevas metas. Por tanto, no culpemos al karma por nuestra mala suerte, valoremos la suerte que nos da la oportunidad de lograr mejores cosas de las conseguidas hasta el momento.

Si en lugar de gastar el tiempo en gestionar el rencor hacia lo que nos ha sacado de nuestro espacio de comodidad lo gastamos en diseñar el siguiente salto que vamos a dar, lograremos más y mejores cosas y, además, seremos infinitamente más felices.

Un gran profesor mío de Dirección Comercial en el IESE, Cósimo Chiesa, remarcaba en sus clases (y él se lo aplica a sí mismo) que hacer de la edad un asunto determinante para el alejamiento del mundo laboral solo aporta frustración y anticipo de problemas médicos. La actividad permanente, la tensión, la persecución de objetivos  nos mantiene con vida. Las personas estamos programadas para trabajar contra un ambiente que en cierta medida nos hostiliza y contra el que tenemos que abrirnos camino. Instalarnos en la comodidad solo anticipa la muerte.

 

 

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