Emprendiendo (III. Un caso práctico)

Como ya mencioné al inicio de la serie, no solo comentaré en estas entregas aspectos que yo puedo considerar teóricos, sino que intentaré también aportar ejemplos, algún caso práctico de emprendimiento, con historias por las que yo he pasado. En esta entrega contaré algunos aspectos relacionados con la elección del proyecto en una de las compañías que contribuí a fundar: Grupo Eidos.

Caso práctico de emprendimiento

Grupo EIDOS

La idea de partida del servicio que iba a proporcionar esta compañía consistía en la difusión de un boletín de técnicas de programación alrededor de un lenguaje en el que mis socios (éramos tres emprendedores) y yo éramos especialistas. Hablamos del año 90. No existía internet, pero la microinformática se expandía de forma vertiginosa. Habíamos escrito con éxito razonable algunos libros sobre dicho lenguaje (más de 30.000 ejemplares vendidos de uno de ellos). Pensamos que si el mercado compraba libros para formarse en el mismo, la idea de difundir una especie de revista, de boletín de técnicas de programación, tendría cabida. Nuestra capacidad inversora era prácticamente inexistente, pero la técnica y la operativa eran altas. Queríamos, además, no arriesgarnos a montar un proyecto empresarial hasta no haber sondeado si teníamos mercado suficiente.


“La idea de partida del servicio que iba a proporcionar esta compañía consistía en la difusión de un boletín de técnicas de programación…”


 

Al no tener dinero, pensamos en algunas de cuestiones esenciales:

a) Tendríamos que sondear primero el mercado para ver si aquello tenía salida. Para ello pensamos introducir un formulario de suscripción de uno de nuestros libros. Lo negociamos con la editorial y así lo hicimos. De este modo conseguimos llegar a las personas que presumiblemente serían candidatas a suscribirse a nuestro boletín. Quienes compraban nuestros libros eran nuestro público objetivo y llegar a ellos de esta forma fue muy, muy fácil.

b) Teníamos capacidad técnica para escribir por nosotros mismos todos los artículos del primer número de la revista. Sería un poco denso, pero era el punto de partida. Después ya lograríamos atraer a más autores. Por si acaso, la hicimos bimestral, 6 números al año nos daban tiempo para poder trabajar cada dos meses en un número en caso de que no encontráramos más colaboradores. Hay que mencionar que los tres iniciadores del proyecto tabajabamos en otros ámbitos y ninguno tenía pensado inicialmente dejar dicho trabajo.

c) Como no teníamos capacidad económica no podíamos hacer una revista impresa, aquello costaría mucho dinero. Por tanto nos planteamos difundir nuestro boletín en disquete, ¡qué tiempos aquellos! Sin internet, el disquete enviado por correo era una buena forma de alimentar una suscripción para programadores. En USA se hacía, pero en España no había ningún medio con esas características. ¡Seríamos los primeros!

d) Tendríamos, eso sí que construir un programa de software que fuera capaz de gestionar la suscripción en el ordenador del cliente, añadir los boletines de cada mes, etc. Sin problema, teníamos la capacidad técnica. Construimos una aplicación, Ítaca, que lo hacía y se la enviamos a nuestros clientes al inicio de la suscripción.

e) Queríamos un entorno de comunicación con nuestros clientes. No existía internet, no había correo electrónico, ¡qué mundo aquel! Se usaban lo que se denominaban BBS, que eran comunidades de personas con intereses comunes que se conectaban a través de módem y compartían inquietudes. ¡Los albores de las redes sociales! Creamos una BBS propia, la llamamos Hermes y también le pasábamos el software a nuestros suscriptores al inicio de la suscripción. Como, podéis ver, cosas que hoy son sencillas entonces no lo eran tanto.

f) Había que articular una mecánica simple y barata para los envíos. El disquete debería ser envasado en un sobre que garantizara su no ruptura y ser enviado al cliente de la forma más barata y rápida posible. Compramos una funda de cartón y decidimos enviar por correo ordinario la suscripción, si alguna se perdía la reenviaríamos. Este era el sistema más eficaz y barato.

 

El asunto funcionó. Fue sorprendente que cuando nuestro libro, con el formulario de suscripción incluido, se puso a la venta, las suscripciones comenzaron a llegar en volúmenes importantes. Realmente nos vimos desbordados. Como no habíamos montado una empresa, el domicilio de envío del formulario de suscripción era un apartado de correos y era una maravilla ir a diario a abrirlo y encontrarte lotes de 10,20, 30, 50… suscripciones cada día. Ya quisiéramos hoy con la facilidad de comunicación que internet nos ofrece, superar ese número de conversiones diarias. En unas pocas semanas superábamos los 1.000 suscriptores. No quedaba otra opción que dar forma al proyecto, crear una empresa y ponerse a editar el primer número del boletín.

Así nació clippeRmanía editado por la empresa que creamos ad hoc para realizar la misma: Grupo EIDOS. De manera inmediata, uno de nosotros tres dejó su empleo para dedicarse íntegramente al nuevo proyecto, tuvimos también que contratar con urgencia una persona para que nos ayudará con todo el trabajo administrativo. Yo dejé también mi empleo a los pocos meses y el tercer socio en unos pocos meses más.

Años más tarde, con la aparición de internet y la enorme difusión que la red le dio a la compartición de información técnica entre colectivos de usuarios, el escenario cambió y hubimos de repensar el foco de nuestro proyecto. Pero eso es ya otra historia y hablaremos de ella cuando toque.

Quería ejemplificar con esta historia la importancia de la correcta elección del proyecto en los procesos de emprendimiento. Como decía en mi anterior entrega, buscar si el mundo lo necesita, si tenemos capacidad operativa para llevarlo a cabo, si es viable a nivel financiero, si tenemos la capacidad de llegar a nuestros previsibles clientes… Son preguntas que debemos respondernos antes de iniciar cualquier proyecto empresarial. Si las planteamos bien y las respondemos de forma adecuada, el éxito llegará de modo más fácil.

2 comentarios en “Emprendiendo (III. Un caso práctico)

  1. Pingback: Emprendiendo (V. Un caso práctico: Luarna I) - Arte de Prudencia

  2. Pingback: Emprendiendo (VI. Asuntos financieros) - Arte de Prudencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *