Archivo por meses: enero 2019

Martín Quirós Calero

La guerra de mi padre

Mi padre, Martín Quirós Calero, ya había realizado el servicio militar antes del comienzo de la guerra civil. Él nació en 1912 y, por tanto, era de la quinta del 33. La familia vivía en Arjona, un pueblo de Jaén situado en la campiña norte, en plena región aceitunera. Cuando se produce el levantamiento militar, aquel sábado de julio del 36 él estaba segando con otro grupo de compañeros y alguien fue corriendo a dar la noticia. Pero en la zona no se produjo ningún incidente importante. La zona estaba totalmente controlada por las organizaciones de izquierda y el empuje de las tropas de Queipo que se producía desde Córdoba no llegó hasta el pueblo.

Desazón

¡Qué desazón!

A pesar de que uno mantiene ciertas creencias y principios, he de confesar que la desazón cunde por momentos a poco que observo el panorama social y político nacional. Lo reflejan aquellos versos de Quevedo donde nos decía el buen hombre aquello de que “y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte”. En parte, eso es lo que me pasa. Mire al ala del espectro político que mire no encuentro nada en que poner los ojos que no sea mediocridad y falta de ideas, o sea vaticinio, crónica de una muerte anunciada.

La ruta del odio

La ruta del odio

Mario sentía como el odio se adueñaba del escenario de su vida. Era como un aguijón que horadaba lenta, pero minuciosamente su piel, sus músculos, sus órganos vitales. Pero no se trataba de un odio cualquiera, abstracto, retórico. Era algo más que concreto. Personal, directo. El odio le daba fuerzas cada día, le mantenía en pie con toda su energía disponible y orientada hacia un solo fin, el menoscabo de su enemigo, de aquel que antaño fue su amigo, su hermano, su compañero inseparable y que ahora representaba para él lo peor que la esencia humana podía aportar.