Adversus Mourinho

Ya en este blog se han confesado alguna de mis elecciones personales en el ámbito de lo político y de lo religioso. Para terminar de definir esa triada mística que sirve para construir la personalidad de todo tipo relativamente inserto en el mundo, solo falta que haga notar cuales son mis afinidades futbolísticas. Con esto cualquiera podrá tener ya una foto completa mía. Perdóneseme la simplificación irónica, obviamente, entiendo que el individuo es algo mucho más complejo que lo que estos tres parámetros representan, pero sirva esta boutade para dar comienzo a tema tan prosaico como este que voy a tratar.
Y, sí, queridos lectores, usando el modo coloquial con el que solemos definirnos a este respecto, diré que soy del Real Madrid. Y lo soy no como un fenómeno coyuntural, fruto de una decisión no meditada durante la adolescencia, o algo así. No, soy aficionado del Real Madrid, desde que tengo uso de razón, ya que mi padre lo era también y, además, quién podía sustraerse a esa oleada de encanto de los años sesenta cuando la excepción era que el equipo no ganara cada año alguno de los títulos importantes. Como en aquellos años éramos pobres (¿hemos dejado de serlo?) y no teníamos televisión, mi padre me llevaba con él a casa de un vecino y amigo algo más afortunado y allí veíamos esas finales tremendas de liga o copa de Europa. La verdad es que no soy un aficionado de abono y partido semanal, nunca lo he sido, pero siempre me he considerado altamente atraído por el club, sus valores y el juego que desarrollaba. Cuantos caballeros de blanco han poblado la nómina del club desde entonces, cómo no recordar a un Di Stefano, a un Puskas, a un Gento a un Amancio, a un Santillana, a un Butragueño… Todos ellos simbolizaban un espíritu de lucha pero también un modo de entender la dignidad del juego. Y qué decir ya de entrenadores míticos como Miguel Muñoz o Vicente del Bosque. En general, fuera del vínculo irracional que me une al club y que no puedo romper (¿quién puede cambiar de ideas políticas o de club de futbol?), también está el racional, el que viene de analizar cómo se hacen las cosas, qué tipo de principios animan el juego o la política del club, etc.

Pues bien, queridos amigos, José Mourinho está acabando con todo ese estilo que hace que gente como yo permanezcamos fieles a la esencia del Real Madrid. Y está acabando no porque haga las cosas como las hace, al fin y al cabo él será algo coyuntural y efímero y el club persistirá, sino que lo está haciendo porque está cambiando la esencia del club. Por qué será, pues, que yo y muchos cómo yo hemos pasado de ver al Barça como el enemigo visceral, aquel al que se odia, para contemplarlo como alguien que hace las cosas como a ti te gustan que se haga. No sé, esto es una esquizofrenia, pero el juego de toque, agresivo más que de contención, el medio centro creativo, el riesgo en el juego, etc., han sido patrimonio del Madrid durante muchos años. Qué decir ya del cuidado de la cantera, todo esto se ha acabado. Y los valores de señorío, de respeto al contrario, ¿dónde quedan? Ahora tenemos a un agresivo portugués, incapaz de controlarse, que ha triunfado años atrás en Italia o Inglaterra con un futbol mediocre pero que se ha estrellado estrepitosamente cuando se ha encontrado delante la firmeza y el buen hacer del Barça. Y así anda el hombre de desesperado metiendo el dedo en el ojo del primero que encuentra. Y eso es porque no se encuentra a sí mismo. Alguien fraguado en un triunfo benévolo que le ha sonreído es incapaz de digerir la derrota. Y no sabe que las grandes almas se crecen con los fracasos y no con los triunfos permanentes. Aquí venía a cerrar su círculo de triunfos europeos y, lamentablemente para todos, se va a ir igual que vino.
Y lo malo es que este sujeto está arrastrando a una buena parte del madridismo de siempre. Joder, ¡cómo podemos digerir el espectáculo del último partido de la supercopa! Un equipo, paradigma de la caballerosidad, que no se queda en el campo para celebrar la victoria del contrario (máxime cuando el contrario lo ha hecho con la propia en la Copa), un equipo que cierra filas ante este molesto portugués para llenarse de victimismo porque no le salen las cosas. El Madrid es un equipo que siempre intenta jugar bien, gane o pierda, a los aficionados eso nos la sopla, lo que nos interesa es que el juego sea brillante y que lo intentemos a muerte, y que siempre quedemos en el campo por encima del rival en todos los aspectos, tanto deportivos como extradeportivos.
Y puestos ya a joder la situación y como si el país no tuviera suficiente, lo que nos faltaba ahora es un tipejo descerebrado que se pone a echar fuego en la tradicional hoguera del enfrentamiento político Madrid-Barcelona. Ya veo a esos tremendos ultrasur apoyando a su líder capaz de zurrarle a un catalán separatista. Joder, ¡qué espectáculo! Por favor que lo echen, que lo echen antes de que tenga que realizar una de las acciones más controvertidas de mi existencia, como sería la de cambiar de club. 

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