Otros tiempos, otras prácticas

 

Quizá sea porque una de mis últimas lecturas son las memorias de Alfonso Guerra, quizá porque, de nuevo, un largo periodo de inactividad debido a otro postoperatorio me limita bastante la vida cotidiana, la cosa es que una fuerte tendencia al pesimismo me invade a la hora de analizar nuestro presente y, por ende, nuestro futuro como sociedad.
Y digo lo de Alfonso Guerra porque me recuerda otros tiempos. Me recuerda aquel 28 de octubre de 1982 en que los socialistas ganaron las elecciones generales y nos llenaron de ilusión a quienes veníamos a creer que iban a hacer algo por transformar la sociedad española. Sé que hoy no es políticamente correcto decirlo, pero lo hicieron. Quien viviera aquella época en España puede comparar muchas de sus olvidadas realidades frente a la situación actual. Hemos llegado a tener (ya no la tenemos) sanidad universal, las diferencias sociales nos colocaron en una de las mejores posiciones del mundo (la perdimos), se dotó al país de una red de infraestructuras en transporte y comunicaciones de las más modernas de Europa, se realizaron toda una serie de desarrollos legislativos que trajeron grandes avances en los derechos civiles: divorcio, despenalización del aborto, leyes impositivas tendentes a dotarnos con un sistema fiscal progresivo, desarrollo regional… y tantas y tantas otras.
Y lo curioso del caso es que todo ello se hacía en un entorno donde el encono social (al menos hasta llegar a la huelga general de 1988) no estaba, ni de lejos, tan asentado en la sociedad como está llegando a estarlo hoy. Quizá tenga el recuerdo idílico que los viejos suelen tener de su pasado, pero el proyecto de hacer un país moderno y próspero se sobreponía a muchos otros intereses de las diferentes agrupaciones sociales. No digo que no hubiera enfrentamientos y diatribas entre unos y otros, las había sin duda, pero creo que ni de lejos llegaban a esa situación actual en la que el grupo y sus intereses se sobreponen absolutamente a los de la comunidad entera, a los del país.
Lamentable espectáculo el que estamos viviendo entre los dos tensos extremos de nuestro espectro político. Por un lado, un PP encastillado en el más absoluto inmovilismo y encenagado en los más altos niveles de corrupción política que nuestra sociedad ha visto. Y, por otro, Podemos, esa amalgama extraña surgida de los bien intencionados principios del 15-M y hoy solo un lobby político más, manipulado como pocos por sus dirigentes, y que se mantiene por la argamasa que le da la esperanza de robar espacio político a su derecha y a su izquierda, rompiendo para ello estructuras políticas netamente insertas en la sociedad española, tales como Izquierda Unida o el PSOE.
Por todo ello, alguien como yo, de ideas progresistas, socialista democrático y amante sobre todo de la negociación y el pacto, no puedo dejar de apenarme al ver dejar pasar la oportunidad transformadora del pacto PSOE-Ciudadanos, un proyecto político que podría cambiar una buena parte del decurso de nuestro país, tal como lo hemos conocido en los últimos años, un conjunto de medidas más que razonables para nuestra sociedad y que, además, son producto del acercamiento de dos programas políticos, de dos visiones del mundo que, siendo netamente diferentes, demuestran que el acuerdo, el pacto, la cesión en los programas de máximos de cada uno para dar espacio a los otros, son el motor que une y dinamiza a las sociedades.
Solo siguiendo ese ejemplo, podemos avanzar como sociedad. Quien puede pensar que el necesario cambio constitucional que el país necesita puede lograrse sin que fuerzas políticas situadas en extremos opuestos puedan sentarse y sacrificar, como en la transición se hizo, parte de sus intereses para dar cabida a los de los otros. No puedo desear vivir en un país donde para dar cabida a mis ideas tenga que cercenar a las de la mitad de la población que piensa de otro modo. Y lo malo es que esto no solo lo veo en nuestros representantes políticos sino en la gente de la calle y eso, desde luego, no invita al optimismo sobre nuestro futuro como sociedad.
 
 
 
 
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2 thoughts on “Otros tiempos, otras prácticas”

  • Es una forma de ver las cosas con la que no coincido del todo. Desde mi situación de lucha por el patrimonio, lo que veo son dos partidos hermanos (PP y Cs) y otro hermanastro (PSOE), con una visión general que apenas difiere salvo en asuntos de pura cosmética, nada sustancial. Para los que estamos en la lucha a cualquier nivel, simplemente vemos a los de siempre, defensores de un modelo caduco a criminal de sociedad, y otro que tampoco me gusta, pero alberga esperanzas. No te fíes de lo que cuentan los paniaguados al servicio de esta mafia política y atrévete a salir un día a cualquier asamblea de Podemos, donde nadie te pide el carnet y cada opinión es debatida. Sin gurús ni inquisidores. Conste que no soy de Podemos y a menos de un año de los sesenta, solamente me fío de lo que veo. Anímate y sal un día, verás la diferencia en los momios como González y Guerra o la gente joven, con errores y tics, pero con honestidad intelectual.

  • Bueno Carlos, tenemos opiniones diferentes, lo normal entre seres humanos que piensan. Solo indicarte que tengo una relación diaria con muchos militantes tanto de Podemos como del PP y creo que conozco (¡quien puede estar seguro!) las motivaciones que los mueven, el estilo de sus dirigentes, etc. Mucha gente honesta, otra que no lo es tanto, lo normal, como en cualquier representación colectiva del ser humano. Más allá de esto, yo solo indico que su ideario no va conmigo, que mi forma de pensar es otra, dentro del respeto a todos.

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