Quo Vadis 15-M

Me preocupa la evolución del movimiento 15-M. Como he manifestado en alguna entrada anterior me parece entusiasmante que los jóvenes hayan cogido las riendas de su destino y se hayan puesto a pelear por un futuro más digno. Pero me da miedo la forma en que esto puede evolucionar. Cabe la posibilidad de que el espacio que los jóvenes han ido ganando estos días atrás sea copado solo por los antisistemas. Y actuaciones como la de los Mossos el viernes en la Plaza de Catalunya vienen a reforzar este punto de vista, ya que la violencia ejercida por la policía catalana solo podrá atraer violencia desde el otro lado. Para mi lo impresionante del 15-M es que aglutina a gente de muy distinto pelaje, desde el joven izquierdoso y protestón hasta el becario explotado por cualquier consultora y que perfectamente podría haber sido votante del PP. Votantes y abstencionistas, jóvenes y menos jóvenes, creyentes y ateos… En general, gente en desacuerdo con la evolución de una situación sociopolítica que no les gusta, que va robando cada vez más espacios al desarrollo de una humanidad libre y dejándoselos a un inmisericorde dominio del sistema financiero mundial para el que no pasamos todos de ser mera mercancía sin más valor de aquel que podamos alcanzar en un mercado carente de los más elementales principios éticos.

Pero dicho esto, he de añadir que yo en política soy posibilista. Que la utopía la abandoné hace muchos años cuando me di cuenta de que en algunos casos los caminos de la misma terminaban desarrollando situaciones como las de los campos de exterminio nazis, las purgas estalinistas o tantas y tantas otras situaciones similares. Por ello, siento que lo mejor que pueden hacer nuestros jóvenes que ahora piden esa democracia real es, bien organizarse en un partido político o bien en una fuerte plataforma ciudadana, capaz de presionar a los partidos para que lleven a sus programas y al Parlamento sus iniciativas. Hasta ahora me da la impresión de que lo que persiguen es poder llevar a cabo iniciativas populares de proyectos de ley. Pero me temo que esto será un esfuerzo baldío. Al fin y al cabo, esas propuestas legislativas las tiene que aprobar una mayoría parlamentaria que no ha contribuido a crearlas.

Yo creo en el trabajo desde dentro de las organizaciones y por eso creo que estos jóvenes que tanto aire fresco están trayendo al panorama político tienen que hacer política trabajando dentro de los partidos (o creando otros nuevos) pero siempre intentando hacer que esas ideas, muchas de las cuales suscribiríamos una muy buena parte de la población, vayan concretándose en un giro radical en las formas de hacer política que este país necesita tanto. Algunos me dirán que pensar esto sí que es utópico, ya que las maquinarias de los grandes partidos nunca van a defender ideas que atenten contra lo que constituye el fundamento de su preeminencia social. Pues yo no lo creo. Precisamente los partidos progresistas son aquellos atentos al cambio social y que, con más o menos rapidez, han sabido ir cercanos a los cambios que las sociedades iban fraguando y no atados a viejas ideas conservadoras consideradas inamovibles por quienes las defienden.

Por otro lado, he visto la relación de temas que se están debatiendo en las asambleas de los barrios. No la reproduzco aquí porque sería demasiado larga, pero pongo solo un par de asuntos para que se vea la diferencia política abismal existente entre ellas. Por ejemplo, se debate sobre «la supresión de los privilegios en el pago de impuestos, los años de cotización y el monto de las pensiones, la equiparación del salario de los representantes electos al salario medio español más las dietas necesarias indispensables para el ejercicio de sus funciones». Hay algo más sensato que esto que lo está pidiendo a gritos toda la sociedad. Pero en paralelo también se debate sobre «la expropiación de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido». Por contra a lo anterior, franca utopía, ya que supondría atentar contra el mas elemental derecho a la propiedad privada que nuestra Constitucion sacraliza.

Por tanto, me gustaría que los jovenes del 15-M pusieran los pies en la tierra y se convirtieran en un fuerte movimiento de presión que tirara de los partidos políticos en la dirección de los cambios que la sociedad pide a gritos pero, por favor, con sentido común. Si no se hace así se entrará en una amalgama amorfa de propuestas muchas de ellas insensatas que no podrán prosperar de ninguna manera en una sociedad tan amante de lo tranquilo y centrada como la española.

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