La tolerancia es la fuente de la sabiduría

No debemos defender nuestro punto de vista con excesiva vehemencia. Cuando en nuestro discurso partimos de pensar que tenemos la razón absoluta, tendemos a defender con exceso de fuerza nuestro punto de vista. De este modo nuestros interlocutores entenderán nuestra posición como un ataque a las suyas. Si partimos de entender las posiciones de los demás y de respetar el punto de vista ajeno, siempre haremos una defensa del nuestro como si no fuera un absoluto. A veces, afirmaciones del tipo “pienso que…”, “me parece que…”, “creo que…” son preferibles a las afirmaciones rotundas. El objetivo es no emplear nuestro discurso como un arma arrojadiza frente a nuestro interlocutor. Esto no quiere decir que no defendamos nuestras ideas. El propio punto de vista debe ser defendido, las personas que claudican en esto no pueden luego mirarse al espejo. Se trata de defenderlo sin agredir al otro, simplemente informando educadamente de lo que pensamos aunque se contradiga con lo que piensa el otro. El discurso a veces es un arma sumamente peligrosa, incendia, divide y hace aflorar las pasiones más negativas, por ello hay que cuidar las palabras, dedicarle atención a las formas y huir sobre todo del discurso crispado. La tolerancia es la fuente de la sabiduría.

Tolerancia

 

Un buen consejo es que sepamos resaltar lo que de positivo hay en los otros y que minimicemos lo negativo. Es más que probable que si en nuestro discurso valoramos esas características positivas de nuestro interlocutor, aunque luego le critiquemos las negativas, el resultado será menos crispado.


«Hay que saber aceptar el punto de vista de los demás, comprender que las personas están por encima de las ideas»


 

Vivir y dejar vivir es la vieja norma que nos hace mejores cada día. Quien asume un punto de vista rígido ante las cosas y hace pasar por el tamiz del mismo a cuantas personas y opiniones le rodean, sólo consigue fomentar el odio y la discordia. Hay que saber aceptar el punto de vista de los demás, comprender que las personas están por encima de las ideas y que cada punto de vista es tan respetable como la persona que lo ostenta.

Esto, que es una norma de vida en general, es altamente aplicable a la gestión de personas en las empresas. Los ambientes donde se fomenta lo positivo y se huye de la crispación hacen que nuestro compromiso con el proyecto sea mayor y que la persecución de los objetivos empresariales sea compartida por una plantilla motivada.

 

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