Tom Doniphon se va de copas con Richard Blaine

Es una pena que Humphrey Bogart hubiese muerto (1957) cinco años antes de que John Wayne interpretara al Tom Doniphon de El hombre que mató a Liberty Valance (1962). De haber habido más cercanía temporal entre ambos seguro que podríamos imaginarnos al Richard Blaine, interpretado por Bogart en Casablanca (1942), ultimando una botella de whisky con el Tom Doniphon, hechuras de Wayne, en El hombre que mató a Liberty Valance.

El hombre que mató a Liberty Valance

Se preguntará el escaso lector de estas páginas por qué traigo a colación semejante memez. Pues siga leyendo, leches, que así me baja el porcentaje de rebote de Google Analytics y me sube la autoestima.

Se trata de que en este artículo voy a mantener la tesis de que existe un paralelismo tremendo entre los personajes principales de ambos filmes y la estructura profunda de la trama de los mismos. No, ciertamente, en su estructura superficial. Uno es un western épico, una de las mejores obras del maestro John Ford y la otra es… ejem, bueno…, Casablanca, aparte de como obra maestra del cine, no sabría en que género catalogarla. Como productos cinematográficos siguieron caminos bien distintos, El hombre… es una obra de autor, una de las mejores películas de John Ford, bajo su estilo y actores tradicionales. Casablanca es un producto derivado de la anarquía, una obra que se iba a asignar a un director, William Wyler, que se iba a hacer con unos actores y terminó dirigiéndola otra persona, Michael Curtiz, un mediocre director de filmes de encargo, cuya mayor aportación a la historia del cine fue pasar por allí cuando se estaba rodando Casablanca y su nuevo plantel de actores (Bogart, Bergman…) se la inventaban cada día.

Casablanca

Una escena de “Casablanca”

 


“El cínico Tom es, claramente, el personaje favorito, pero la entereza de Ransom Stoddard también se ve apreciada por las simpatías de un John Ford cuya historia fílmica premia mucho más a este tipo de personajes…”


 

Sin embargo existen tantas similitudes en cómo abordan la vida los personajes, que el hecho no puede dejar de llamarnos la atención. En la más antigua, Casablanca, un cínico no exento de idealismo, Richard (Rick) Blaine, interpretado por Humphrey Bogart, convive en Casablanca durante la segunda guerra mundial con la administración franco-nazi de la ciudad. Posee una enorme capacidad para mantener una moral natural en lo interno, pero se mueve con otros principios que le permiten convivir en un entramado social como el de aquel momento. Su alter ego es Victor Lazslo, un hombre de una pieza, sin dobleces; luchador antinazi que ha pasado parte de su vida en algún que otro campo de concentración debido a su enfrentamiento abierto con el sistema. Y, entre ambos, Ilsa Lund, una luminosa Ingrid Bergman, de la que ambos hombres están enamorados. Todos coinciden en Casablanca y allí Rick, que no se sabe si admira o desprecia a Lazslo, tiene que cederle a la chica y solucionarle sus problemas cargándose al mayor Strasse, el malo, malo nazi que va a detener a Lazslo.

 

 

Casablanca

 


“Claramente, Casablanca nos lleva a simpatizar por el cínico Rick y maldecir al aburrido Lazslo cuando se lleva a la chica.”


 

 

En El hombre que mató a Liberty Valance, otro cínico no exento de idealismo, Ton Doniphon, interpretado por John Wayne, convive en Shinbone, una ciudad aún no perteneciente a un estado con legislación USA,  con un statu quo donde impera la ley del más fuerte. Y el más fuerte es Liberty Valance, al que da vida Lee Marvin. Tom aplica el Vive y deja vivir, manteniendo igualmente unos principios internos éticamente razonables, pero viviendo en sociedad sin complicarse demasiado. El asunto se complica cuando llega a Shinbone Ransom Stoddard, recreado por James Stewart, un abogado idealista que anda empeñado en llevar la ley y el orden a la ciudad. Tanto Tom como Ransom se enamoran de Hallie, una Vera Miles, bastante más de rutina que la Bergman en Casablanca. La cuestión, igual que en el otro film, es que Tom tiene que sacarle las castañas del fuego a Ransom cuando Liberty va a por él. Y, además, también igual que en Casablanca, se lleva a la chica.

 

El hombre que mató a Liberty Valance

Una escena de “El hombre que mató a Liberty Valance”

Ambas películas muestran, como se ha dicho más arriba, una estructura profunda parecida. Se desenvuelven en un entorno social marcado por la falta de libertades y la opresión para los individuos. En Casablanca, por el régimen nazi y en El hombre…, por el régimen de miedo impuesto por Liberty Valance. En un sustrato social como este, se trata de contraponer dos actitudes bien diferenciadas. Por un lado, la de las personas con un sólo código moral, bien fundamentado, que se enfrentan al statu quo mencionado de manera directa y, por otro, aquellos otros más bien cínicos, practicantes de una doble moral muy conveniente, que les permite sobrevivir en ese tipo de sociedades, pero que poseen herramientas, quizá más eficaces que las de los primeros, para sobrevivir y enfrentarse a dichos entramados sociales.

Es quizá en la valoración de una y otra actitud donde existe alguna diferencia entre ambos filmes. Claramente, Casablanca nos lleva a simpatizar por el cínico Rick y maldecir al aburrido Lazslo cuando se lleva a la chica. En El hombre… parece que las simpatías se reparten. El cínico Tom es, claramente, el personaje favorito, pero la entereza de Ransom Stoddard también se ve apreciada por las simpatías de un John Ford cuya historia fílmica premia mucho más a este tipo de personajes que a los de la doble moral práctica.

Quería traer a colación aquí estas anotaciones de aficionado al cine porque me parece que muestran de modo meridiano algo de lo que estoy hablando bastante en algunas de los últimos artículos sobre el pensamiento en el Barroco español. Se trata del tema del desengaño y la figura del desengañado, como arquetipo humano resaltable. Ese desengañado que hemos visto aparecer en Quevedo, en Gracián, en Lopes da Veiga es, precisamente, alguien que, comprendiendo la cifra del mundo, es capaz de desentrañarla y entender la verdad de las cosas. Pero, además, en su vertiente hacia la acción, el desengañado es alguien que practica una cierta doble moral porque sabe que al statu quo no puede uno enfrentársele directamente, de forma que se mueve en él con una cierta moral pública, aunque realmente mantenga internamente otros principios de moral privada. “Vive y deja vivir”, es su principal máxima. Hablamos de este desengañado de forma positiva, es alguien que sabe moverse por el mundo y resolver los problemas; su doble moral no se emplea solo para lograr su bienestar sino también para ayudar a los demás. Tanto Tom Doniphon como Richard Blaine son arquetipos de la figura del desengañado. Una pena que luego sean los aburridos hombres de principios sólidos los que se lleven a la chica.

 

 

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