21. Arte para ser dichoso

Reglas hay de ventura, que no toda es acasos para el sabio; puede ser ayudada de la industria. Conténtase algunos con ponerse de buen aire a las puertas de la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros, pasan adelante y válense de la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcance a la dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado, no hay otro arbitrio sino el de la virtud y atención, porque no hay más dicha ni más desdicha que prudencia o imprudencia.

Dentro de las recomendaciones que Gracián nos da en sus aforismos para que podamos llegar a ser personas plenas, lo expuesto en este posee una gran relevancia. En el aforismo se incide en que la dicha, la felicidad que quizá dijéramos mejor hoy, no es algo que caiga de los árboles al azar. Podemos y debemos trabajarla. Nuestra industria puede establecer estrategias para conseguirla. Y, dentro de estas estrategias, virtud, atención y prudencia se señalan como los caminos adecuados para lograr la deseada meta.

Esto tiene un gran vigencia hoy, cuando encontramos a muchas personas quejándose continuamente de su destino, de lo mal que les ha tratado la vida, de lo infelices que han sido. A ellos Gracián les preguntaría ¿has establecido estrategias para tener una vida plena y feliz o te has quedado esperando a que ese estado te viniera de forma azarosa? Y si no has actuado de forma industriosa y prudente, dentro de una vida virtuosa, si no has estado atento a las oportunidades, no tienes derecho a quejarte.

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