¿Respetas al líder al que reportas?

Las compañías necesitan que el liderazgo se ejerza por personas aceptadas mayoritariamente por sus colaboradores. Esto no es imprescindible en una organización. Las hay que se mantienen en el mercado a pesar de sus líderes, sin embargo, desde mi punto de vista, es de gran importancia que el ejercicio del liderazgo en las empresas vaya más allá del mero impulsor de que se hagan las cosas. Se hacen más y mejores cosas cuando la persona a la que reportas es, además, una persona a la que respetas.

Liderazgo

 

No tenemos más que ver el mundo militar al que tantas veces hago referencia. La comparativa con los asuntos empresariales es algo que siempre está ahí a mano para venir a mostrarnos cuestiones de interés. Pensemos en los grandes conquistadores históricos, en los mandos militares que han sido capaces de crear y sostener imperios. La historia nos muestra como César o Alejandro fueron más respetados que temidos por sus hombres. Debíamos preguntarnos cómo es posible que en el mundo militar haya personas que sean capaces de convencer a sus subordinados para calar la bayoneta y tomar al asalto un nido de ametralladoras enemigo, aun a sabiendas de que en el intento las posibilidades que tiene cada uno de morir son muy, muy altas. ¿Puede esto hacerse por miedo? Sin duda. Podemos amenazar a nuestros soldados de que si no toman la posición su unidad será diezmada al amanecer, u otras cosas parecidas. Pero creo que es más eficaz conducir por el respeto y el ejemplo que por el miedo. Con esto quiero indicar que, aunque no te salga de tu ética personal, el hecho de respetar a tu gente, al menos deberías hacerlo por pura utilidad, por más vil que a muchos pueda parecernos dicha manera de hacer las cosas.


“…creo que es más eficaz conducir por el respeto y el ejemplo que por el miedo.”


 

Sentado esto me gustaría remarcar ahora las cualidades que considero relevantes a la hora de valorar a un auténtico líder. Por supuesto que alguna persona puede serlo cumpliendo solo algunas, o incluso solo una. Todo depende de la fuerza con la que esta característica se dé, del marco histórico del momento, del perfil de los subordinados, etc. No obstante, creo que es importante que pensemos que cuantas más de estas cualidades tengamos, mejor líder seremos y mejor serviremos, por tanto, a nuestro proyecto u organización.

  1. Talento. Por supuesto que siempre valoramos y respetamos más a las personas que son más capaces intelectualmente. Son aquellos que tienen un fuerte bagaje teórico en el sector o la línea de actividad en los que trabajamos, personas respetadas socialmente por sus aportaciones públicas, colaboraciones universitarias, publicaciones, etc.
  2. Visión estratégica. Me refiero a la capacidad para valorar las estrategias que debe seguir la compañía para lograr un correcto posicionamiento en el mercado, el éxito en los negocios… Se trata de una cualidad operativa. Si la visión estratégica es correcta en el líder, la compañía avanza, si no lo es, se estanca o retrocede. Obviamente esta debe ser una virtud fuertemente valorada por nosotros, ya que el buen ejercicio de la misma es lo que traerá estabilidad a nuestro puesto de trabajo. A personas como Amancio Ortega, el fundador de Zara, debemos reconocerle, supongo que entre muchas otras, un alto grado en esta cualidad.
  3. Capacidad para cambiar las cosas.  Diseñar un proceso organizativo nuevo es simple, muchos podemos hacerlo, pero hacer que se ejecute cuando están implicadas personas, ya no lo es tanto. Los grandes reformadores sociales, políticos…, aquellos que han tomado en sus manos una mecánica de organización y han conseguido transformarla en otra bien diferente han tenido siempre mi más profunda admiración. Pensemos, por ejemplo, en quienes lideraron la Transición española y sus enormes logros en un terreno de arenas tan movedizas como aquellas. Personalmente tuve el honor de que uno de mis primeros trabajos tuviera lugar en el entorno de la organización de la salud mental madrileña (mi aportación era a través de un área de apoyo no trascendental, los sistemas de información). Allí tuve el placer de observar a varias figuras relevantes, pero sobre todo a la de Valentín Corcés, una de las personas a las que siempre admiraré y mencionaré como ejemplo de líder. Sin ser el máximo responsable sanitario a ese respecto, valiéndose solo de su capacidad, de su posicionamiento político y de su buen hacer gestor, logró la transformación de una situación en España de psiquiatría prácticamente represiva a otra de salud mental comunitaria, caracterizada por la atención clínica normalizada del paciente psiquiátrico, lo que entonces se denominó como la Reforma Psiquiátrica. Tanto esta característica como las dos anteriores son propias de los líderes máximos de las compañías, los presidentes, CEO o directores generales.
  4. Capacidad de trabajo. El líder debe ser quien más trabaje. El primero en llegar a la empresa y el último en marcharse. Quien piense que esto puede funcionar de otro modo está claramente equivocado. Muchos desean liderar compañías para tener posiciones más cómodas. Imposible. Si quieres una posición más cómoda elige un puesto de trabajo convencional. Si no deseas cargas, no ocupes cargos, según el viejo dicho de raíz estoica. Es casi seguro que estarás peor remunerado, pero vivirás más tranquilo. Claro que hay líderes que viven una vida fuelle, pero seguro que sus proyectos dificilmente lograrán el éxito o si lo logran será por causas no vinculadas a su actividad profesional. Solo aquel a quien le duele la cabeza cada día con las múltiples cosas en las que debe intervenir, aquel al que le perturban el sueño los múltiples problemas de su organización puede considerarse un auténtico líder que cuida que las cosas vayan bien para la compañía, para él y para la gente que de él y de sus acciones depende.
  5. Disciplina. Quiero hablar de esta cualidad en una doble vertiente. La primera en el sentido de control personal. Solo quien se conoce y domina a sí mismo puede liderar procesos empresariales. Si eres una persona incapaz de organizar tu vida, malamente puedes organizar el trabajo de los demás. Es cierto que el trabajo creativo muchas veces huye de los corsés organizativos, pero los humanos de fuerte personalidad creativa, rara vez son organizadores y gestores en las compañías. Si cada uno sabe ocupar la posición en la que se encuentra más cómodo y para la que tiene más aptitudes, todos estarán contentos. La segunda es la que se refiere al alineamiento con los planteamientos empresariales. No puedes ser un directivo de una empresa si estás en completo desacuerdo con las políticas de la misma. Tienes que ser disciplinado, ejecutar y hacer ejecutar aquellas políticas decididas por la compañía aunque no estés de acuerdo con ellas. Y si no eres capaz de hacerlo, sé consecuente y márchate.
  6. Ejemplo. Tus colaboradores deben ver en ti un ejemplo a seguir. Si se saben mejores que tú en cuanto a las virtudes necesarias para ejercer el liderazgo, ¡cómo van a seguir tus instrucciones!. A este fin, el líder debe mantener un esfuerzo permanente para estar entre los mejores. Como decía antes, ser talentoso, disciplinado, trabajador, buen organizador, atento a todo lo que ocurre… Solo así se logra el respeto de los colaboradores.
  7. Atención. Mantener una atención permanente hacia todos los aspectos que rodean a la actividad que desarrollas es esencial en la labor de liderazgo. No dejarse sorprender por algún imprevisto al que no hemos tenido la capacidad de anticiparnos. Y si aún así nos sorprende porque somos humanos, actuar de forma que podamos esquivarlo con los menores daños posibles en el menor tiempo posible.
  8. Tesón. Debes ser persistente con los principios, las políticas. Si cambias con demasiada rapidez, los demás verán esto como indicio de que has meditado poco acerca de tus órdenes, que te han importado poco las implicaciones de las políticas que has puesto en marcha. Si crees que algo debe cambiar, medita bien cómo ejecutar el cambio y trabaja con tesón por conseguir que se produzca, pero no tires la toalla a la primera de cambio.
  9. Respeto. Respeta para que te respeten. Esta es la doble vertiente de esta cualidad. De forma indudable debemos respetar a los demás no como medios para conseguir algo sino como fines en sí mismos, ya que el material con el que trabajamos son personas. Pero si eres un líder más atento a la consecución de tus objetivos personales que al cuidado general de tu proyecto, respeta al menos como un medio para conseguir que los demás te respeten, ya que si no consigues ese respeto solo podrás emplear el miedo para hacer que la gente cumpla con su cometido y el miedo no es, ni de lejos, la mejor herramienta motivacional que existe.
  10. Autoconocimiento. Conócete a ti mismo. Máxima socrática de enorme relevancia. La mayor parte de los humanos nos engañamos respecto a la imagen que tenemos de nosotros. Nos creemos mejores o peores de lo que somos, pero rara vez ponemos el fiel de la balanza en el lugar adecuado. Creerte mejor de lo que eres “puede llevarte” al fracaso. Lo normal en este caso es que te equivoques en tus decisiones debido al error de base de pensar de que tú modo de actuar es claramente el mejor. Creerte peor “te lleva” directamente al fracaso. La autocompasión, el complejo de inferioridad, etc. son cualidades que deben ser totalmente ajenas al líder. Lo mejor es hacer autoexamen continuo de nosotros, buscar nuestro camino, no dejarnos llevar demasiado por las falsas imágenes que el actual mundo del márketing conductual nos impulsa a seguir. Busquemos nuestros ejemplos donde los busquemos, no olvidemos nunca que nuestro camino debe ser único, totalmente personal. Si emulamos siempre a un personaje que nos atrae, estaremos vaciando nuestras peculiaridades personales y esto es lo último que debe hacer el ser humano.
  11. Cuidado de tu equipo. Te mueves con personas, no con cosas. Y debes actuar siempre con respeto y consideración hacia ellas. Una cosa es que debas hacer cumplir políticas de empresa, buscar la máxima productividad al menor coste, pero no olvides nunca que tus herramientas para lograr esto son seres humanos y como tal deben ser tratados. No es necesario que seas amigo  de tus colaboradores, aunque si lo eres, tampoco pasa nada. Pero, desde luego, sí debes estar atento a sus necesidades, a sus situaciones personales, ayudarles en aquello que esté a tu alcance y trabajar siempre por su desarrollo profesional dentro de la compañía.
  12. Cuidado con la pasta. No puedes gestionar como si el dinero no existiera. Existe; en las compañías es algo esencial y siempre debes estar atento a tus presupuestos, a lograr la máxima eficiencia económica que es lo único que puede garantizar la sostenibilidad de la empresa y, por tanto, la vida futura de todos tus colaboradores. Lamentablemente las situaciones de crisis te llevarán a tener que tomar decisiones respecto a despidos y otras cuestiones racionalizadoras de la actividad que perjudicarán a personas que trabajan contigo. No quedará más remedio que tomarlas, pero intenta hacer de ello un acto lo más humano posible. A lo largo de mi vida he tenido que despedir a muchas personas por esta u otras causas, pero creo que (salvo en algunos casos, ¿quién habiendo estado en la gestión no los tiene?) me he ganado pocos enemigos por ello e incluso algunas personas a las que he tenido que despedir continúan siendo buenos amigos míos.

Lógicamente existen muchas otras cualidades que debemos tener en cuenta, pero quería hacer aquí solo un resumen de las más elementales. Seguiremos hablando de otras o desarrollando estas en otros artículos posteriores.

 

 

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