El azar y la obra de Leonor Estevez

Para introducir a la figura de la militante del PCE Leonor Estévez tengo que relatar una pequeña historia de tintes auténticamente cercanos a la novela de misterio. Poseo un ejemplar del Testimonio de dos Guerras de Manuel Tagüeña. Dicho ejemplar lo adquirí hace años en la Cuesta de Moyano y es un viejo, pero cuidado, ejemplar de la segunda edición mexicana de Oasis del año 1974. El libro se encuentra profusamente subrayado y con múltiples anotaciones que su antiguo propietario había realizado sobre el mismo. En la primera página una dedicatoria reza:

Para Leo, con mucho cariño, en recuerdo de años lejanos y
fraternales

Carmen P.
México, 1982

PCE

 

Hasta ahí, nada extraño. Pensé que Carmen P. debía ser Carmen Parga, la esposa de Tagüeña (1), que en 1982, había regalado el ejemplar a algún amigo o amiga, de nombre Leo. Fue emocionante, sin duda, comprobar que el ejemplar que tenía en las manos no era un ejemplar más, sino que había sido propiedad de la familia del autor y que el texto de la dedicatoria, estaba manuscrito por la esposa del mismo. Pero pasó el tiempo, compré muchos más libros viejos sobre la guerra civil, sobre todo, del tipo memorias o testimonio autobiográfico. Un día, en la misma caseta donde originariamente adquirí la edición del Testimonio de dos guerras, encontré la obra de una autora cuyo nombre era Leonor Estévez y cuyo título es La vida es lucha (2). Se trataba de las reflexiones de una anciana militante comunista, de no demasiada altura intelectual, pero sí de una honda textura vivencial, como tantas otras escritas por protagonistas de la época. Al llegar a la página 69 de su obra, narrando los prolegómenos de la revolución del 34, la autora dice:

… algunos camaradas del radio Sur y yo, junto con jóvenes y obreros socialistas, estuvimos durante varias horas agazapados en un campo más allá de la glorieta de Legazpi, en un lugar llamado La China, esperando las armas que nunca llegaron. Después de medianoche se presentó un enlace y nos dijo que fuéramos en parejas al Puente de Toledo. Fuimos y allí había otros grupos esperando, pero tampoco llegaron las armas (3).

 

 Algo me sonaba de esa narración y una chispa comenzó a surgir en mi cerebro. Me fui al libro de Tagüeña y comencé a revisar las anotaciones manuscritas que su antiguo propietario había realizado y, efectivamente, allí estaba. En la página 68 había un texto subrayado y un comentario escrito: yo, en Legazpi, toda la noche. No aparecen las armas. ¡No podía ser posible! Estaba leyendo un libro escrito por la Leo que había sido propietaria del ejemplar de la obra de Tagüeña que yo manejaba y a la que Carmen Parga dedicó la obra en su día. Revisé con detalle los subrayados y el texto de Leonor y el asunto quedó transparente, Leonor Estévez había estado usando el Testimonio como guía para organizar sus recuerdos de la época y escribir su propia obra. Más adelante, existe otra evidencia que avala esta conclusión:

En otra ocasión hice una visita para llevar algunas cosas al VI Cuerpo que mandaba Manuel Tagüeña (sic) y su comisario Fusimaña. Yo los conocía a ellos y a sus esposas, sobre todo a Carmen. La conocí en la Juventud Comunista de Madrid, allá por 1933 (4).

 

Igualmente, más adelante la autora habla de un viaje a México en 1982 y aunque no menciona explícitamente a Carmen Parga, sí que confiesa que se vio con múltiples antiguos camaradas ahora en el exilio mexicano.

¡Impresionante! Claramente, podía deducir que la biblioteca de Leonor Estévez había sido vendida en Moyano y alguna de sus huellas había caído en mis manos.

En fin, salvados estos prolegómenos hay que decir que la obra de Leonor Estévez es un testimonio absolutamente personal escrito por alguien que militó desde su juventud en el Partido Comunista de España. La obra fue escrita en 1992, después de que Leonor hiciera el periplo de tantos otros republicanos, guerra, exilio, muerte de familiares queridos, sufrimiento y privaciones para al final de la vida retornar a una España que a pesar de haber vuelto al circuito democrático no hace mucho por integrar a estos que considera hijos bastardos suyos.

Leonor trabajó durante toda la contienda por los ideales comunistas. Contrajo matrimonio con Ramón Guerreiro, que al finalizar la guerra se convertiría en guerrillero y sería muerto por la guardia civil en 1948. A pesar de no ser una dirigente de importancia, fue evacuada a la URSS en el mismo barco en que iba la plana mayor del PCE (aunque los datos de fechas y nombre del barco que proporciona no parecen coincidir con el Smolny el barco en que se llevó a cabo la evacuación de dicha plana mayor desde el puerto de Le Havre). Vivió en la URSS hasta 1971, año en que volvió a España, donde continuó su lucha desde del PCE.

Aunque el libro no es muy riguroso en cuanto a datos, sí que supone un testimonio magnífico de lo que pensaron las mujeres de aquella convulsa época. Su visión de la España de los años treinta, desde la perspectiva de una persona cuyo nivel cultural no es demasiado elevado, no deja de resultarnos por ello interesante. No es menos impactante su visión de la Rusia estalinista, así como la apreciación posterior que sobre el país y la época se realizan una vez que se han conocido los crímenes y la represión llevada a cabo por Stalin.

 


(1) Más tarde tuve la ocasión de contrastar este dato. Cuando accedí al fondo documental de Manuel Tagüeña depositado y magníficamente cuidado en la Fundación Pablo Iglesias, contrasté la firma del libro con otras manuscritas de Carmen que había entre sus papeles y, efectivamente, resultó ser idéntica lo que me corroboró que el ejemplar que manejaba fue dedicado por la esposa de Tagüeña a la lectora que lo había usado.

(2) Leonor Estévez. La vida es lucha. A-Z Ediciones y Publicaciones, Madrid, 1993.

(3) Ibídem, p. 69.

(4) Ibídem, p. 211

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