Asco

Estamos pasando estos días de confinamiento y tribulación sintiendo diferentes sensaciones en función del día, de la última noticia, del último comentario que leemos en una red social, de la última rueda de prensa del gobernante de turno. Y a mí hoy me toca el asco. Algún lector que haya llegado hasta esta frase estará pensando que lo que ahora sigue es una diatriba acerca de lo mal que se están haciendo las cosas, de lo poco eficientes o previsores que son nuestros políticos o alguna otra insensatez similar.

Pero no. Mi sentimiento de asco actual viene de observar la actitud que una buena parte de nosotros tomamos respecto a esto que nos está tocando vivir. Y voy a referirme a los mensajes de derrotismo, de queja, de ira, de aspaviento que circulan por las redes sociales. Los que los fabrican son unos insensatos y los que los distribuimos cometemos un delito de lesa majestad para con nuestros enfermos y para la población amedrentada que hoy se pertrecha en sus hogares sufriendo y temiendo que mañana les vaya a tocar a ellos. Y me pregunto, ¿qué hacen esos insensatos que a voz en grito lanzan esos audios virulentos contando lo mal que está todo, dándonos información no contrastada del lamentable estado en que se hallan los hospitales, las UCI; de la falta de EPI, del estado de campaña en que se tienen que mover para curar a los pacientes? Es que no se dan cuenta de lo innecesario de esta actitud. ¿Qué se logra con ello? ¿Qué se persigue? Va a mejorar la situación por usar el altavoz de las redes para lanzar esos mensajes. No. En ningún caso. ¿Son, además, roles reales los que alzan así su voz o son meros fantasmones dispuestos a incrementar el número de sus visitas al canal de YouTube correspondiente?

No se dan cuenta que cada vez que alguien difunde uno de esos estridentes mensajes hay miles de ancianos solitarios en sus casas que tiemblan de miedo y se angustian pensando lo que se les viene encima. No se dan cuenta que solo sirven para mantener el desaliento en una población que sufre silenciosa en sus casas intentando sobrevivir un día más sin contagiarse. Manipulan bombas sin ser conscientes del poder destructivo que estas poseen.

Y no puedo dejar de acordarme tampoco de los políticos insensatos que en una situacion de drama como la que vivimos son incapaces de controlar su tradicional modo de enfrentarse con sus enemigos.

Amigos, esto es una guerra. Supongo que todos los sabéis. Y las guerras tienen sus reglas. El derrotismo, la desinformación, el proporcionar información desalentadora son actitudes absolutamente perseguidas por un ejército cuando tiene que enfrentarse a un enemigo como aquel al que nosotros nos enfrentamos ahora. Pero esta es una guerra donde no existe la disciplina necesaria como para evitar estas cosas. Y no existe porque la firmeza democrática de nuestras sociedades nos impide llevar al paredón a quienes practican la desinformación. Y, ¡ojo! que no estoy pidiendo que se haga. Estaría bueno. Lo que sí apelo es la conciencia de quienes así actúan para que cambien su modo de obrar. Hoy lo que debemos hacer está claro:

  1. Si tu capacidad de acción es poca, quédate encerrado en tu casa, sal a comprar las menos veces posibles, trata de sobrellevar esto con dignidad e intenta no difundir sandeces.
  2. Si eres un soldado del excelente ejército que nos protege. Si eres personal sanitario, fuerzas de orden público, militares o trabajadores de cualquier servicio esencial, empléate ejemplarmente con el doble de esfuerzo del que usas habitualmente. Eres nuestra protección y debes volcarte en ejercitarla con el máximo de eficacia. Esa es tu labor, por la cual esta sociedad te estará agradecida de por vida.
  3. Si tienes medios económicos dona lo que puedas (y algo más) para ayudar en lo que sea para que esto llegue a su final cuanto antes.
  4. Si eres un gestor o un político de cualquier nivel, deja de atacar a tu oponente y céntrate, si estás en el poder, en hacer que tu trabajo sirva de ayuda. Y si estás en la oposición calla y empuja. En el futuro critica lo que te dé la gana, pero ahora calla y ayuda. Y digo esto más allá de cualquier color político. Tenemos administraciones estatal, autonómicas, municipales. Tenemos a gestores públicos de diferentes entidades y me da igual su color. Ahora solo toca empujar. Lo demás sobra y desalienta. No empujes al puto cainismo ibérico, solo trabaja y colabora. Recuerda a Churchil y el alineamiento que logró del pueblo británico para sacar adelante a su país ante un enemigo tan tremendo como al que se enfrentaba.

Y, sobre todo, calla y trabaja. Lo demás sobra. Y si hablas que sea para alentar, para ayudar, para construir, no para destruir. A ver si mañana logro que el sentimiento de admiración por la mayor parte de este pueblo logre sobreponerse al del asco por unos cuantos insensatos.

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