Buenos Aires y la nostalgia

A Juan Luis Guerra le subía la bilirrubina o, al menos, eso se escuchaba desde la radio del quiosquillo desde el que el empleado del parking de Ezeiza nos cobraba el importe del aparcamiento. El amigo que fue a buscarnos llevaba un teléfono móvil de aquellos cuya antena era como de goma negra y medía unos quince centímetros. El aparato debía pesar alrededor de un kilo, tenía una gran base cuadrada que permitía ponerlo de pie sobre una mesa y él lo llevaba en el bolsillo de atrás de su vaquero, desde donde sobresalía más de la mitad del chisme en cuestión. Como nuestro colega era muy bajito, la desproporción era evidente; el “celular”, que ya era desproporcionadamente grande, lo parecía mucho más.

Era Buenos Aires en 1993, la primera vez que mis pies pisaban la para mi tan querida tierra latinoamericana. Entre ese año y 1995 volví varias veces, pero desde entonces hasta esta semana no había vuelto a la gran capital del río de la Plata.

¡Cuántas cosas han cambiado desde entonces y cuántas permanecen igual! Ahora, por ejemplo, estoy en Puerto Madero, una moderna zona de negocios y viviendas de alto nivel que entonces ni existía. En 1993 los colectivos (autobuses) eran viejas máquinas que se caían a pedazos, hoy el parque automovilístico se va pareciendo al que podemos ver en cualquier ciudad europea. Las grúas se ven por todos sitios (¡qué malos recuerdos de la España reciente!). Hay que ser conscientes de que estamos ante una nación que ahora crece a un ritmo del 9% anual pero que hace muy, muy pocos años pasó por un corralito financiero que hundió a toda su clase media y dejó el país por los suelos. Al fin y al cabo, en la época de mis primeras estancias aquí, se vivía el momento de la artificiosa paridad dólar-peso, la del innombrable Carlos Menem (no lo querían nombrar porque decían los argentinos que era gafe y daba mala suerte); y en aquel momento las cosas iban también para arriba, pero desde una perspectiva absolutamente ficticia que terminó del modo que terminó. El domingo ganó las elecciones de un modo aplastante Cristina Fernández, una presidenta que va camino de seguir a Evita Perón en el armario de los mitos del país, debido a la enorme mejora del nivel de vida que ha conseguido para los ciudadanos y el avance en derechos civiles que ha propiciado. Pero, ¡quién sabe!, también algo huele a burbuja por aquí, los argentinos están tan acostumbrados a su vida de dientes de sierra con tantas subidas y bajadas económicas que creo que una más simplemente la verían con su humor y sorna habituales. Pero, de momento, las cosas van bien y lo mejor es disfrutar de las mismas.

Anoche paseaba por Lavalle y Corrientes, con las librerías de viejo abiertas de madrugada, algo único en el mundo. Afortunadamente el negocio al que me dedico aún no ha acabado con este tipo de establecimientos. El Gran Rex, los múltiples teatros  y espectáculos. Estamos ante una de las ciudades con más posibilidades de acceso a la cultura del mundo. O de disfrutar de una de las mejores carnes del planeta, por qué no decirlo también, mi paseo incluyó un bife de chorizo en La Estancia, un restaurante quizá algo turístico pero que tiene una carne que supera cualquier cosa que podamos conocer en España. También me detuve en Carlos Pellegrini, en la puerta del Panamericano, un hotel de cinco estrellas que yo no me permitiría en ningún caso pero que en aquellos primeros noventa nos recibió como huéspedes invitados por la compañía que nos llevaba para impartir unos seminarios. Mi hijo que tenía cuatro años entonces, y que nos acompañó en el viaje, volvió locos a todos los camareros. ¡Cómo son los recuerdos cuando te llevan a casi veinte años atrás! Y mientras paseaba, pensaba lo curiosa que es la vida y las oportunidades que te da continuamente. Jamás pensé que, después de aquella experiencia de los años noventa se me permitiera de nuevo pasear por 9 de Julio y ver el Obelisco o los luminosos de Corrientes, y aquí estoy de nuevo. Mucho más viejo, con la espalda doliéndome mucho más, pero vivo y con capacidad para captar lo hermoso de este país y disfrutar de nuevo viendo su progreso y tratando de hacer negocios con el mismo.

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