El arte de ceder

Ganar está sobrevalorado. En nuestro mundo solo se valora la imagen del ganador, aquel que es siempre capaz de imponer su voluntad, de ganar en cualquier lid que se produzca. La figura del que pierde una confrontación queda desprestigiada. Pero los ganadores no siempre llegan al puerto que desean. A veces son los perdedores los que terminan triunfando. Por ello quiero hacer una breve reflexión sobre lo que supone un arte muy poco practicado en nuestros días, el arte de ceder,  la capacidad de sacrificar todo o parte de nuestro punto de vista para que otro pueda sacar adelante el suyo. Si nadie practicara tan digna ocupación el mundo sería un lugar horrible (bueno, quizá lo sea). Pelearíamos constantemente para conseguir siempre hacer triunfar nuestro criterio. Afortunadamente esto no es del todo así.

El arte de ceder

Como persona cuya actividad profesional se ha desarrollado mayormente en el mundo de los negocios, sé que pocas cosas saldrían adelante si no hubieran siempre personas dispuestas a ceder en cualquier negociación. A mí me ha tocado ceder muchas veces y, he de decir, que cuando lo he hecho me ha quedado casi siempre un mejor sabor de boca que cuando he ganado o he sido capaz de que mi criterio resultara el ganador. Por otro lado, tampoco tengo la percepción de que cuando he cedido las cosas hayan ido a peor. Casi más bien, lo contrario. Y es que endiosar el propio punto de vista como el único certero es una de las cuestiones que más nos llevan al error. Hay tanta razón en nuestra perspectiva como en la de los demás. El hecho de pensar que solo nosotros llevamos la razón en un tema es puro sectarismo.

Ceden los que escuchan, los que son capaces de asistir silenciosos a la exposición del punto de vista del otro. Los habladores que solo tratan de contarnos las bondades de sus ideas son, las más de las veces, incapaces de aprender de los demás.

Todo esto es generalizable a la totalidad de las relaciones humanas, pero en el mundo de la política tenemos hoy un quintal de ejemplos que van al pelo para demostrar la hipótesis. Y para ello solo tenemos que ir a otra categoría, el pacto. Solo se pacta cuando se cede. Si nadie cede el pacto es imposible. Los partidos políticos tratan de imponer sus programas de máximos y son incapaces de pensar que para poder ejercer la acción de gobierno no tienen más remedio que aceptar parte del punto de vista de quienes no les han votado. El célebre, “gobernar para todos”, del que tanto se habla y tan poco se practica.

Es por esto que el arte de la cesión y del pacto debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas y en nuestro país se tendría que impartir el doble de horas que en algunos otros más flexibles en lo que a la negociación se refiere.

Resulta curioso observar como las enseñanzas históricas a este respecto no nos sirven de nada. Claro, somos españoles y eso lo dice todo.  Pero solo tendríamos que mirar a dos momentos históricos de nuestro siglo XX para tomar conciencia de la importancia de la negociación, del pacto, de la capacidad de cesión. Me refiero a la Segunda República y a la Transición. La primera, arquetípica de una sociedad poco amante de la transacción terminó en la más grande hecatombe que como país hemos sufrido. La segunda, prototipo de la cesión, del pacto, terminó en proporcionarnos la época más larga que nuestro país ha vivido de paz, progreso, libertad e incremento de los derechos civiles y de la justicia social. Pero para qué mirar a nuestro pasado, no sea que aprendamos algo y la liemos.

Quiero, por último, dejar constancia de que esta acusación que aquí dejo no va dirigida contra los otros y a favor de los míos. Va dirigida contra todos, contra mí mismo. No hay una sola organización política que esté dando la talla en este maremágnum que estamos viviendo. Y, además, lo divertido es que todos tienen la conciencia muy tranquila pensando que la culpa es del otro. En fin, esto resulta bastante insufrible, agotador, diría yo. Es cansado ser español, muy, muy cansado.

 

 

4 thoughts on “El arte de ceder”

  • Totalmente de acuerdo Antonio, la situación política está provocando un hartazgo difícil de soportar. Además me preocupa la simpleza de los argumentos y la agresividad con que son expuestos, esta dinámica se extiende fácilmente y el debate sosegado cada vez es más difícil.
    Un placer leerte
    Un abrazo

    • Gracias Rafael,

      Efectivamente, vivimos una época difícil como sociedad. Con políticos de poca talla, demasiado cortoplacismo y poca visión de futuro para el país. Supongo que será lo que nos merecemos. Una pena.

  • Antonio a ti pocas veces se te puede contradecir pues tú razonas muy bien lo que expones, se nota que tienes la cabeza muy bien amueblada,, estoy de acuerdo con lo que dices del arte de ceder, me pongo a recordar momentos vividos y si tienes razón, hay muchas ocaciones que he cedido ante otra opinión y ha salido mejor el asunto se hubiera hecho según mi criterio,, pero creo que eso no tiene nada que ver con ser o no ser español, ser español tiene a mí parecer la misma dificultad que ser de otro país de nuestro entorno y

    • Gracias Antonio,

      Con lo de ser español, disiento. No quiere esto decir que ser de otras nacionalidades no sea complejo. Ser, por ejemplo, afgano tiene lo suyo. O griego, si vamos a paises de nuestro entorno. Pero lo nuestro tiene bemoles. 200 años matándonos como si no hubiera mañana. Creo que se cuentan 5 guerras civiles entre los siglos XIX y XX. No llegamos a un consenso sobre nada, así nos cuelguen. Si uno dice A el otro dice B, aunque solo sea por joder. No me queda más remedio que ver con envidia las actitudes de otros paises con menos enfrentamiento social. Los ejemplos cunden, a pesar de los tiempos desazonadores que vivimos. Echa un vistazo por Europa: Alemania, Dinamarca, Suecia, Portugal, Holanda… Te iba a hablar también del Reino Unido y su proverbial tranquilidad política, pero últimamente parece que vienen a Madrid a tomar clases.

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